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SEMANA SANTA 2008

Publicado en mi vida con etiquetas el octubre 31, 2009 por DAMADENEGRO

el-almendro

El día de hoy queda en la memoria de cada año pasado; ya muy lejos en mi pequeña historia personal queda la imagen del domingo de Ramos cuando estrenábamos porque si no lo hacíamos no “teníamos manos”. Un curioso dicho al que todavía no he encontrado explicación. Y realmente la ilusión de las vacaciones escolares se unía a ese estreno de primavera que ponía el olor de jazmines en las calles de mi ciudad hace muchos años.

 
Era el paseo mañanero cuando todo estaba preparado para la Semana Grande con mayúsculas escrito porque en mis años juveniles las grandes cosas se escribían con mayúsculas. Y después de haber estrenado vestido y bolso y zapatos por la mañana y aunque algunas veces la lluvia hacía de las suyas; era el sol el protagonista de esas fotos que se guardan en el viejo baúl de la abuela. Aún no teñidas por el color sepia, lucen maravillosamente con sus marcos blancos y con esa cara de felicidad de una niña de pocos años.

El lugar de la toma de las fotos normalmente era el Parques Genovés o la Plaza de Mina, o quizás si no hacía levante, el paseo de Canalejas que en aquellos años aún no se había convertido en el techo de un lóbrego lugar donde se guardan esos contaminantes artilugios llamados coches. Y era aquella Werlisa de los años 60´s la que hacía el milagro cada año de plamar las galas que se estrenaban. Mi padre hacía pinitos para coger una buena instántanea de mamá y mía. Después nos íbamos a la marisqueria de El Puerto donde dábamos buena cuenta de una ración de calamares fritos, con cerveza para ellos y zumo de naranja para mí. Terminado el paseo nos íbamos a casa en la Plaza Candelaria donde esperábamos para salir a las siete de la tarde camino de la calle Ancha punto y cruz de guía de todas las procesiones que hacían su carrera oficial por la ciudad. Y allí situada como cada año frente al edificio de Teléfonica, nos alíneabamos en dos filas para comentar las novedades del paso de las cofradías durante los siete días posteriores al domingo de Ramos.

Siempre las mismas caras, era una costumbre como otras muchas. Los padres y los hijos juntos, tomarnos un café en el cercano bar-cafetería de La Camelia en la misma calle del recorrido oficial de las cofradías. Una visita al tan ansiado water que muchas veces se nos mostraba con una cola infame que nos hacía pasar un mal trago. Y todos sentados como buenos hermanos, sin malas caras, sin discusiones, sin planes distintos unos de los otros. La familia formada por padres e hijos una vez más, veían las procesiones pasar.

Servía también para encontrar un nuevo ligue. Quizás ese chico que venía a casa de los tíos durante la Semana Santa para cambiar de aires. Ya entrados en edad de merecer la presentación se hacía de manera oficial ese primer día de cofradías. Una mirada discreta al otro lado de la acera nos iba acercando cada vez más hasta que al unísono nos levantábamos entre procesiones para ir a tomar agua a la cafetería o al puesto de las chuches parado en el cruce con la calle Novena. Un momento en que los corazones latían más y más rápido. Cosas del querer en aquellos días de silencio.

Naturalmente nadie iba a la playa puesto que este lugar era de visita obligada sólo en los meses de julio y agosto para los baños y en alguna excursión de sábado tarde con papá de la mano y bocadillo en la otra. Curiosamente ese bocadillo iba envuelto en el familiar Diario de Cádiz sin que las noticias se nos atrangataran en la boca. La llegada de los 70´s hizo que a pesar de los enfados de mamá la playa se convertía en destino en esos días de primavera en que el sol nos hacía quitar ropa y más ropa.

Y ahora que viene a mi memoria todos estos recuerdos en día tan señalado, noté como poco a poco las costumbres se relajaban, se escuchaban voces más altas que otros años. Algún grito en esos días de silencio oficial de jueves y viernes santos que acallaban incluso los dos canales de la Tv, las radios emitían música clásica y no se sabía de nadie ni de lo que pasaba en el resto del mundo. El silencio acogía en su seno incluso la verdadera ignorancia de todo aquello que no se bendecía con el nombre de la iglesia. Y sin embargo, éramos felices.

Los coches no molestaban puesto que nadie iba a sacar el coche en un día de Semana Santa. A dónde iba a ir?.Los trabajos estaban en la misma ciudad, los colegios también. Sólo el paso de algún automovil privado y de muchos autobuses de línea y colegiales nos acercaban a nuestros puntos de estudio o de trabajo. EL tan-tan se dejaba querer en aquella calle Plocia cuando enlazaba con la Cuesta de las Calesas en su paseo infinito hasta Cortadura. Ahora la calle es peatonal, meada y acribillada por pintadas……y al fondo la Iglesia de Santo Domingo que acoge a dos cofradías y a la Patrona de la ciudad, que se cae poco a poco aunque sea remendada mil veces.

Ahora los jazmines no huelen, o quizás es que todavían no hayan notado la primavera y se hayan dormido en ese olor de contaminación que la caravana de vehículos formó el día de ayer la serpiente venenosa que mata oxigeno y tiempo sin hacer nada. Cuántos han perdido en avión que les hacía puente en tal sitio porque los aeropuertos estaban a tope?. Muchos aún duermen sobre sus maletas en ese frenesí de llegar a un lugar en el que no descansarán ni un sólo minutos. Pero hay que huir, huir….. pero por qué¿?.

Y la ciudad queda para los que valoramos el pasado, quizás para rendir un homenaje a aquellos que nos enseñaron a vivir. Porque en esas calles que esta tarde volverán a oler a lirios, alhelíes, claveles y cera, encontraremos la estampa de nuestros años juveniles. Hasta incluso nos compremos un pirulí de la Habana que ya no saben a nada o unas garrapiñadas en la esquinade de la Plaza Municipal que ya tampoco se llama así. También miraremos aquella esquina querida de la Plaza Candelaria donde mamá paso su última Semana Santa asomada a un balcón ilusionada como una niña pequeña.

Y en el colmo de la lealtad nos encaminaremos hasta la calle Ancha y hagamos parada en el mismo lugar, en doble fila de sillas para ver pasar las cuatros procesiones como aquí les llamamos. Y en un conato de nostalgia quizás busquemo abrigo para las manos en el brazo inexistente del padre ya fallecido o la mirada orgullosa de la madre ausente…… y recemos para que no nos entre ganas de orinar porque La Camelia ya no existe y si quieres entrar en un servicio tendrás que tomarte algo que no sea café en algún remoto bar de otra calle.

Y recemos en silencio, aunque no sea por motivos religiosos en homenaje a aquellos años en que fuímos felices, en que los problemas parecían no existir salvo los relacionados con el dinero que no llegaba hasta final de mes. En que el padre y la madre y los hijos iban a ver todos juntos los desfiles. En los ojos llenos de ilusión de quien despertaba a la vida. En los ojos de veneración de la madre que adornaba su cabeza el Viernes Santo con peineta y mantilla traídas por algún antepasado de Manila. Y aquella noche haría su paseo de dos horas y media tras el Cristo del Silencio mientras mi padre y yo la esperábamos a las puertas de la Iglesia de San Agustin para ponerle los zapatos y un abrigo seco si había llovido por el camino. Y me daba sus guantes de lana negra llenos de cera roja para que mis pequeños dedos jugaran a quitar el resto de la devoción.

Ahora miro por la ventana de mi casa. Los coches hacen de nuevo caravana a no se sabe que sitio. Unos chicos juegan a la pelota en medio del jardín mientras gritan toda clase de palabras sin sentido. La vecina del piso lejano cuelga las ropas en el tendero de la cocina. Ya no huele a flores, porque han perdido el olor. En la parroquia todos trabajan para que el Jueves Santo salga si puede, la cofradia de Puerta Tierra. El sol se va poniendo poco a poco y sin embargo, hoy tengo una cita con la calle Ancha porque aunque allí ya no hay nada ni nadie que me llame por mi nombre, algo queda en el ambiente que se vuelve familiar. En el camino encontraré a los últimos que abandonan la playa. No conozco a ninguno, sus acentos no son gaditanos. Nos hemos vuelto desconocidos en nuestro propio pueblo.

*Capítulo 6º de Mi Memoria Histórica: Experiencias.

 

**Semana Santa 2008″

 

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