
Subida en los taburetes de la vieja casa de la abuela, miraba asombrada la belleza del juego de té que estaba colocado en una de las bateas de mármol del mueble del salón; ella ponía allí todos los regalos de boda, de la suya aunque parezca lejano en el tiempo y sin embargo, lucían como si fuesen sacados de la vieja Fábrica de La Cartuja el día de ayer. Después un juego de platos de “segunda” como se decían entonces para el segundo plato de la cena o almuerzo, también se colocaba a modo de adorno, porque realmente eran para adornar cualquier mueble de principios del siglo XX. También eran objetos de admiración las tazas de té de plata con cuenco de nácar que formaba parte del ajuar doméstico de la abuela.
Esa imagen se quedó clavada en mi memoria histórica, porque esa memoria si es histórica y mía, y sigue siendo motivo de una sonrisa de añoranza que poco a poco he tratado de suplir con mis propias experiencias. Y mi más maravillosa reacción fue cuando recibí como regalo de bodas una vajilla para el pescado de la Cartuja, aunque algo especial pues se trababa de la fuente-bandeja para el pescado y seis platos más pequeños para comensales. Su color rojo traía la novedad del azul casi negro de la antigua de la abuela.
Durante años ha reposado en el mueble donde están los objetos más valorados sentimentalmente por mí, además de ser de gran valor sobretodo por su antigüedad ya que estos modelos van siendo des-catalogados por años. Los decorados y los motivos suelen variar después de cada tirada de determinado número de elementos. Y por lo tanto cada pieza se convierte en algo especial y motivo de inversión. Varias veces me han hablado de coleccionistas de modelos de La Cartuja y en internet hay varios foros donde se reúnen gente que poseen verdaderas joyas de está fábrica de cerámica y losa.
Los usos se limitan por supuesto a motivos especiales; no son objetos diarios aunque realmente te podrías dar el lujo de tomar una taza de café o de té en esa taza nueva o antigua que se llena de recuerdos.
Los precios naturalmente son típico de obras de arte aunque su uso puede ser diario. Las vajillas en cambio se pone en ocasiones especiales familiares o amistades, los juegos de té es de más uso en reuniones de amigas más que nada y con familia lejana que puede quedarse asombrada ante la belleza que cada vez se ven menos porque naturalmente también las visitas de cortesía también se han acortado en los últimos tiempos.
Elementos esenciales de acompañamiento en aquellas reuniones de señoras de edad cuando se ponían alrededor de la mesa veraniega en los chalet de hace unos veinte años; esta costumbre se ha visto sustituida por la barbacoa y sus productos consumidos a mano o en “vajilla” de plástico de usa y tira. Son cosas de los tiempos.
Pero yo sigo con la costumbre de tomarme mi café solitario de merienda en la taza de la Cartuja y también el pescado, aunque solo seamos dos, se sirven en el regalo de hace treinta años y adorna y nos llena de bellos recuerdos.
La belleza nunca muere………………
*Capítulo 5 : La Madurez de mi Memoria Històrica




