Miraste escaleras abajo como buscando la rosa roja que se desprendió de mi ramo y curiosamente el tiempo fue andando para encontrar ese día hermoso en que un ser nuevo ví nacer de mí. Si, era el regalo de los ochenta a mi vida de mujer. Más querido y quizás con más planes de futuro que cualquier humano pudiera tener; sabía cuales habían sido los errores y ahora los iba a enmendar con ella: ochentas, un nuevo amanecer.
Y se cambiaron los hábitos, quizás porque mi trabajo me quitaba la oportunidad de estar siete horas lejos de ella, fue mi padre quien la tuvo en sus brazos hasta que empezó a correr; pronto bajó al jardín, pronto entró en la iglesia donde mi padre siempre encendía una vela por la “abuela” decía a media voz, para que siempre esté bien.
Y con ella una nueva vida y un replateamiento de la mía, ahora había que programar las vacaciones y mil cosas más. Buena idea fue la de invertir en el campo, levantar una buena casa, un buen jardín y un entorno natural que entonces era único para pasar fines de semanas, vacaciones de verano y también de Navidad y Semana Santa. La casa estuvo hecha a mi gusto y según mis ideas aunque tuve que pelear por ello con los expertos de siempre que de todo saben y de nada entienden.
Y a medida que los ochenta avanzaban, la música nos deleitaba, sobretodo a una fiel admiradora como yo del rock con grupos venidos de Usa y de Inglaterra y de nuestra tierra, digo bien porque fue Andalucía quien más aportó a este nuevo filón rockero. El cine nos trajo a los grandes héroes con películas de infarto que veíamos en las primeras filas, con bandas sonoras únicas y eternas. Las modas hicieron mofa de la estética y quizás más despampanante que nunca se convirtió en lentejuela que tiritaba al son de las luces psicodélicas y las hombreras se hicieron imposibles lanzando con la “arruga es bella” al gallego que fue ídolo en los más bellos hombres y quizás en la más emblemática serie de Tv. La música de Corrupción en Miami se escuchaba por las tarde después de almorzar mientras hacíamos la digestión para tirarnos en bicicleta con su fin hasta el acantilado donde se aparcaban sin seguros ni nada (no hacía falta porque nadie robaba ni destrozaba entonces) y en carrera veloz bajábamos las escaleras hasta la playa solitaria, solo algunos grupos en domingos, entre semanas nadie, para nosotros solos, para mi niña con toda seguridad.. qué tiempos de libertad¡ me digo a mi misma; qué suerte haber podido vivir siempre libre y disfrutar hasta las raíces de la libertad.
Pero el tiempo avanzaba, los cambios políticos no me interesaban pero tambien tuve que sufrirlos más en período vacacional que en el quehacer diario del trabajo. Por cierto mal tiempo para los funcionarios porque dijeron los más listos que ganábamos mucho dinero con respecto a los demás y estuve con el sueldo congelado nueve años…. se piensa ahora y qué barbaridad¡.
Y hasta los ecologístas perdieron el norte, quiero con ello decir que no tenían las ideas muy claras como pasaba en los setenta; muchos iban a protestar a la urbanización porque tenía un stop a la entrada y se pusieron de acuerdo para ir todos los domingos “en coche cada uno” para que la barrera se levantara y diera paso a una playa que con solo diez o doce personas estaba en los domingos de agosto… la cosa era protestar ¡
Se aprobó el divorcio, y digamos que salvo casos muy conocidos la sociedad se movía igual que cuando no había divorcio; los líos eran los mismos y para los mismos. Vino la obligación de declarar a hacienda todos los años; mira que cosas querían pagar vacaciones propias con el dinero de los demás. Cada vez más y claro faltaba dinero para tanto personal. Mi hijo hoy, mi hermano, mi cuñado, mi vecino… la lista se hizo interminable. Y hasta los basureros dijeron basta de recoger basura de tal portal porque el hermanísimo tenía unos perros que se lanzaban a la yugular y de noche estaban sueltos. Una semana creo y perros amarrados el resto del tiempo. Deberían haber amarrados a más.
Y las tardes en el parque de los niños, con ángel subido en el tobogán que siempre gritaba “mamá”, los jueves de verano en la piscina había baile para todas las edades con grupo en vivo. Las barbacoas en las casas cada sábado una familia, algo que después mira por donde se hizo más popular e invadió la playa de mi ciudad. La discoteca abierta desde las seis de la tarde para los más pequeños con la mamá… bailes con bola brillando miles de colores que los ojos hacían soñar. Máquinas de matar marcianos, toda una experta con tan poca edad. Y el paseo diario hasta el cole a las nueve, recogida a la una de la tarde, almuerzo y a salir pitando porque la chica entraba a las tres menos cuarto y yo tenía que entrar a las tres en mi trabajo siempre por la tarde para atender a mi hija. Salía disparada a las seis con la media hora de la merienda, coche a mano para recogerla y dejarla con mi padre que la esperaba en la acera. Tiempo justo para llegar a los treinta minutos justos… entonces no había ni reconciliación familiar ni medidas de protección de la mujer trabajadora o no. Los días para el parto y después haz lo que pueda que no era poco.
Y la experiencia de llevarla por primera vez al cine, el reestreno de El Imperio Contraataca” creo que le influyó una barbaridad. La niña adoraba al de negro decía…. y yo sonría siempre he ido una friky de las Galaxias en su primera trilogía, no lo voy a negar.
Y a medida que pasaban los años, se acercaban los noventas y las ganas de conocer más cosas; las primeras excursiones, los primeros museos, los primeros sitios con restos arqueológicos, los primeros libros, una pasión desbordada por Bécquer y Lord Byron, romántica la niña y yo su madre que iba a decir?…. a alguien tenía que salir.
Alguna visita al colegio, comenzó la torna de las tutoras, menos mal que todavía había monjas y el colegio era de chicas nada más. No había asignaturas politizadas, ni cambios en los libros de historias, asignatura Bellas Artes, Lengua Española, algo de Inglés a los seis años, un poco de Francés a los siete… fue siempre especial en los estudios y yo disfrutaba de ella porque tuve la suerte de verla crecer como lo hice yo, con total libertad. Después se decantó por las Letras se venía venir y mientras tanto yo con mis auriculares gigante escuchaba Eloise de Tino Casal; los Costus exponían en su ciudad, aquí en Cádiz donde vivían, las zapatillas se armonizaban con los trajes de chaquetas, telas de lino, arrugada, botones enormes, hombros para volar. Los tacones altos, aunque yo adopté la moda masculina del pantalón y traje de chaqueta antes que someterme a normas tan incómodas como faldas pegadas y tacones altos; eso quedó atrás.
El Coche Fantástico corrían por las carreteras de Usa, Bon Jovi inventaba el vaquero espacial y en 1989 visitaba por primera vez España… ya era hora chaval¡. Cinderella, G’ n’ Roses nos ponían de los nervios con sus meteduras de pata por culpa de la droga aunque encandilaban con la música. Rambo y Rocky uno para los dos héroes, el cine cada ver era más caro, comienzan los estreno en verano, los cines se preparan para recibir a un público que ya no iba solo a mirar, sino a comer, a salir a deshora, a molestar… comenzaron los grandes espacios comerciales.. los carros en los supermercados los fines de semana.. las caravanas infernales a primeras horas de los domingos.
Le dije adiós a conducir, desde entonces utilizo medios públicos para desplazarme ya sea en tren, carretera o avión.. nunca más un coche particular. Las papeleras perdieron su función de recoger papeles en vía pública para convertirse en un sitio donde tirar botellas de cervezas de la movida nocturna y los mojones de los perros (para quien los recogía). Los jardines comenzaron a ser pisoteados y tuvieron que encerrarlos como espacios protegidos. Las esculturas situadas en los parques y jardines o bien desaparecían o bien eran “retocadas” por las manos artísticas de algún maestro pintor del spray.
Y poco a poco nos acercamos a los noventa que por supuesto fueron mucho más artísticos que la década pasada…..


